¡Larga vida al diésel!

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En los tiempos que corren, esta afirmación supone, por si sola, un acto de rebeldía, poco más que declararse un reaccionario anclado en lo antiguo, cuando no directamente un radical antisistema. Pero lo cierto es que, nos guste o no, al diésel le queda un largo camino por recorrer. Eso sí, habrá que ver cómo y con quien comparte mercado, que, a dia de hoy, es una de las incógnitas que atenazan a una industria, la de la automoción, deseosa de tener una hoja de ruta clara sobre la mesa.

Desde estas mismas páginas hemos defendido a ultranza el uso de propulsiones alternativas como motor del cambio hacia un transporte  más responsable, asumiendo la cuota que le corresponde en el camino hacia la sostenibilidad, hacia un entorno en el que  puedan convivir las obvias necesidades de abastecimiento de bienes, cosa que a día de hoy en nuestro país se realiza por medio del transporte por carretera casi en exclusiva, con la preservación de unos entornos (sobre todo urbanos) cada vez más amenazados por la contaminación. 

Ahora bien, no deja de ser sorprendente el cambio tan radical experimentado por nuestros gobernantes, pasando de “animar” sin pudor las ventas de vehículos diésel, durante toda la década anterior, a de repente,  convertir a este combustible en el causante de todos los males que aquejan a nuestro planeta. Incluso tenemos una ministra de “Transición Ecológica”, que anima el cotarro afirmando que el “diésel tiene los días contados”. ¿Y que pasa con la gasolina?... porque a día de hoy las mecánicas diésel de última generación son incluso más “limpias” que las de gasolina, aunque de esto no se hable.

A día de hoy, lo importante para un operador es disponer de unas pocas unidades “limpias” para ofrecer una imagen moderna, comprometida y responsable. Eso sí, mientras que sea el transportista quien corra con los gastos de adquisición

 

Claro que en el mundo del transporte de mercancías por carretera si que se habla… y mucho. Lo cuentan los fabricantes, que hace apenas un lustro que han invertido cantidades millonarias en el desarrollo de nuevas mecánicas Euro 6, verdaderas joyas de la ingeniería del motor que se mueven en niveles de emisiones ni siquiera imaginables hace tan sólo diez años. ¿Qué hacer con estos desarrollos? ¿los enviamos a otros mercados menos “exigentes” (contando con que eso fuera viable, claro)? ...Aún así.. ¿pasarle el “marrón a otro es responsabilidad medioambiental?. No lo creo.

Y por supuesto lo comentan los transportistas para quienes responsabilidad medioambiental tiene que ir indisolublemente unida a otro concepto: rentabilidad operativa. La cuestión no es si un transportista quiere pasar del diésel al gas natural o, quien sabe, dentro de unos pocos años al vehículo eléctrico. La verdadera cuestión es si quien contrata está dispuesto a pagar el coste que genere este nuevo tipo de movilidad.  A día de hoy, parece obvio que no. Lo importante para un operador es disponer de unas pocas unidades “limpias” para ofrecer una imagen moderna, comprometida y responsable. Eso sí, mientras que sea el transportista quien corra con los gastos de adquisición (más elevados) y trabajando al mismo precio, aunque el coste operativo, de momento, pueda ser mayor. 

Así las cosas, no es de extrañar que unos y otros abracen con entusiasmo el grito de “larga vida al diésel”. 

Esperamos como siempre vuestros comentarios.

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