La política de transportes a debate

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En este primer número del año, sin contar nuestro especial Diciembre-Enero que está siempre a caballo entre ambos ejercicios, nos hacemos eco de algunos temas que, creemos, van a marcar el devenir de este sector tanto a nivel nacional como en la política comunitaria de transportes.

Empezando por los temas domésticos, la carretera ha centrado el interés de la opinión pública, especialmente sensible ante el repunte de la siniestralidad en nuestro país, un repunte que parece avanzar los primeros síntomas de agotamiento de la política de seguridad vial que tan buenos resultados ha dado en estos últimos diez años.  

El incremento de la siniestralidad en los dos últimos ejercicios, ha pillado a la Dirección General de Tráfico, a pié cambiado y ha impulsado al nuevo equipo de la DGT, dirigido por Gregorio Serrano, a poner en práctica algunas medidas especiales de regulación del tráfico con carácter urgente, y que complementarán otro paquete de decisiones urgentes que está preparando esta dirección general para reducir el número de accidentes.

En el capítulo internacional, en estos últimos días se ha escenificado la ruptura latente desde hace años entre los Estados Miembros, a costa de la  política europea de transportes.

Como no podía ser de otra manera, serán los camiones los más afectados por estas medidas pues una de las iniciativas es la de restringir la circulación de determinados camiones en las vías convencionales con más tráfico y alta siniestralidad, siempre que exista una alternativa mejor. Es decir, desvío de camiones a alternativas de peaje, algo que no es nuevo, cierto, pero que el Gobierno está buscando dar una segunda vuelta de turca, pasando del carácter “voluntario” que tuvo en un comienzo, al “obligatorio” que se pretende ahora. Y como para justificar tal cambio, desde Fomento  nos envían mensajes del tipo “si las comunidades autónomas nos lo piden...” De momento el Comité Nacional de Transportes ha expresado su enérgica negativa, incluso (esto es nuevo) amenazando con movilizaciones en septiembre. Veremos qué pasa.

Para los autónomos también se presenta un año de gran incertidumbre, por ser el último año de la “era módulos”. Habrá que ver como son capaces de gestionar la importante subida de costes que se presume toda vez se vean obligados a abandonar el régimen de módulos. En las predicciones más optimistas esto debería suponer un incremento de los precios que se cobran... no parece fácil, pero el colectivo de autónomos aún tiene  fuerza suficiente como exigir unas condiciones dignas de trabajo. Eso sí, siempre que sean capaces las asociaciones profesionales de administrar adecuadamente tal fuerza.  

En el capítulo internacional, en estos últimos días se ha escenificado la ruptura latente desde hace años entre los Estados Miembros, a costa de la política europea de transportes. Los países más proclives a actuar ante una de las mayores amenazas que se ciernen sobre el sector en todo el continente, como es la cada vez mayor competencia desleal en la que se mueve el mercado internacional de transportes en la Unión Europea, han cerrado filas, proclamando una Alianza por el transporte frente a los países que, como España, siguen prisioneros de la inacción de las instituciones comunitarias.

De momento sólo hemos asistido al primer capítulo de una serie que, seguro, nos mantendrá en vilo durante  los próximos meses y en la que  ya trabajamos para ofreceros todas las claves en nuestro próximo número.


Espero como siempre vuestros comentarios


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